«Soy una persona muy nerviosa. No creo que consiga relajarme lo suficiente para que la hipnosis funcione».
Es una duda que escucho con frecuencia antes de una primera sesión. A veces viene acompañada de otras: «¿Y si no puedo dejar de pensar?», «¿Y si no sé imaginar lo que me pides?» o «¿Y si lo hago mal?».
Si te reconoces en alguna de ellas, quiero que sepas algo desde el principio: no tienes que llegar a la consulta sabiendo relajarte. Mi trabajo es acompañarte durante el proceso y adaptar la sesión a ti.
No necesitas dejar la mente en blanco
Muchas personas imaginan la hipnosis como un estado en el que desaparecen todos los pensamientos. Después, al intentar relajarse, se preocupan porque siguen pensando en el trabajo, en lo que harán al salir o incluso en si la sesión está funcionando.
Tener pensamientos es normal. Durante la hipnosis puedes escuchar mi voz, notar cómo estás sentado y darte cuenta de lo que pasa por tu mente. Si te distraes, no has estropeado nada. Puedes volver a prestar atención a mis indicaciones, igual que lo harías si perdieras el hilo de una conversación por un momento.
Tampoco tienes que esforzarte por sentir algo especial. Estar pendiente de cada sensación para comprobar si «ya estás hipnotizado» suele generar más tensión que tranquilidad.
¿Qué ocurre al empezar la sesión?
Antes de realizar la hipnosis, dedicamos tiempo a hablar sobre el motivo por el que has venido y sobre lo que te gustaría trabajar. Según el caso, esta valoración puede hacerse en una cita previa. Así puedo conocer mejor tu situación y preparar una sesión individual y personalizada. Por ejemplo, en caso de que la sesión fuera para bajar de peso, en ese caso, en la primera sesión hablaremos de cuales son los patrones que sueles ver y el posible motivo que haya detrás de ellos.
Cuando comienza la hipnosis, te voy guiando de forma gradual. Utilizo indicaciones de relajación, respiración y visualización para ayudarte a centrar la atención. No tienes que adivinar qué hacer ni alcanzar por tu cuenta un determinado estado: iremos paso a paso.
La experiencia no es idéntica para todo el mundo. Algunas personas notan una relajación física profunda; otras se sienten tranquilas, pero permanecen muy atentas a lo que escuchan. No necesitas sentirte de una manera concreta para participar en la sesión.
¿Y si soy demasiado nervioso para relajarme?
Precisamente quien llega con más nervios puede necesitar unos minutos para acostumbrarse al entorno, a mi voz y a la idea de dejar de vigilar si lo está haciendo bien. Por eso no espero que te relajes de inmediato.
Si hay algo que te inquieta, puedes decírmelo. Tal vez te preocupa cerrar los ojos, te incomoda una indicación o te cuesta seguir una visualización. Saberlo me permite ajustar la forma de guiarte. No se trata de superar una prueba, sino de encontrar una manera de trabajar en la que te sientas cómodo y seguro.
La hipnosis tampoco consiste en perder el control. Puedes escuchar, pensar y comunicar lo que necesites durante el proceso.
«No sé visualizar»: ¿es un problema?
Cuando te pido que imagines una escena, no espero que veas una película nítida con los ojos cerrados. Hay personas que perciben imágenes con claridad y otras que simplemente piensan en el lugar, recuerdan una sensación o siguen la descripción con palabras.
Por ejemplo, si te pido que pienses en una playa, quizá veas el mar; quizá recuerdes el sonido de las olas o simplemente sepas cómo es ese lugar. Cada persona imagina a su manera. Si alguna indicación te resulta difícil, podemos adaptarla.
Cómo venir más tranquilo a tu primera sesión
No hace falta que practiques para «aprender a entrar en hipnosis». Sí puede ayudarte llegar con tiempo, traer las dudas que quieras plantearme y acudir porque tú has decidido hacerlo, no porque otra persona te haya presionado.
También te recomiendo ver este vídeo antes de venir: Cómo preparar tu sesión de hipnosis. En él te explico personalmente cómo prepararte para la cita. Puedes verlo con calma y comentarme después cualquier pregunta que te surja.
Lo más importante: no tienes que hacerlo perfecto
Si llegas nervioso, dímelo. Si aparecen pensamientos durante la sesión, es normal. Si te cuesta imaginar una escena, buscaremos otra forma de trabajar.
La primera sesión es también un espacio para conocer el proceso y resolver tus dudas. No necesitas demostrar que eres capaz de relajarte: iremos encontrando juntos el ritmo adecuado para ti.